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domingo, 20 de noviembre de 2016

La costa de las grutas y las calas en el Algarve portugués

 
Ponta da Piedade
Las rocas blandas, areniscas y calizas, y el agua siempre han sido malos compañeros de viaje. Sobretodo para la roca, que ve cómo el líquido elemento va disolviéndola y cambiando su fisonomía permanentemente. El resultado de esta erosiva unión es, sin embargo, todo un halago para los ojos. Un compendio de grutas y formas imposibles que parecen concentrarse en un pequeño tramo de la costa del Algarve (Portugal), al abrigo de poniente. Lo he bautizado como “la costa de las grutas y las calas”. Si, ya se que no es muy original, pero describe el paisaje costero que Lagos ofrece al visitante en este rincón del occidente del Algarve tan ligado a la historia marinera del país. Un tramo de costa absolutamente espectacular que puede ser recorrido por una cómoda senda “colgada sobre los acantilados” y que en verano alguna empresa local ofrece la oportunidad de contemplar desde el mar (embarcando en el puerto deportivo de Lagos o en el pequeño muelle de Ponta da Piedade).





La senda arranca en Lagos y se dirige por la línea litoral hacia el sur en un continuo sube y baja (sencillo) por los acantilados para ir “de playa en playa”. Praia do Pinhao, Praia da Dona Ana (probablemente la más bella) y las calas del Cabo Ponta da Piedade. Senda bien acondicionada para bajar a las principales playas con escalones en la piedra o escaleras de madera. Existen también grutas, cavidades y formaciones naturales como Ponta da Piedade, que se ven mejor desde el mar. Algo más de 2 km. ida hasta el faro, que se prolonga algo más con las bajadas y subidas a las playas y calas. Más que contaros cómo es el recorrido lo mejor es apreciarlo en estas imágenes ya que es muy visual… 



domingo, 18 de septiembre de 2016

Paisajes de agua y montaña en el valle de Siscaró


Cuando ya se palpan las primeras nevadas otoñales, y antes de que el blanco cubra hasta el año que viene la alta montaña de Andorra quiero proponeros otro de esos lugares únicos con mezclas naturales de las que enganchan. Una vez más agua y montaña. En este caso en el valle vecino a Juclar, y sobre todo, un paisaje de praderas alpinas y agua en muy diversas manifestaciones: torrentes, balsas de agua remansada, regatos, cascadas, estanys… todo forma parte del riu del Siscaró… y del espectáculo natural de este precioso valle andorrano. Valle que ha cobrado fuerza también como lugar óptimo para observar marmotas gracias al asentamiento de esta especie en las alturas rocosas.




El acceso es el mismo que en el caso del valle de Juclar, incluso comparten los primeros pasos del recorrido (15 minutos) entre un agradable bosque por la orilla izquierda orográfica del río, hasta el lugar en el que un cartel de madera nos da a escoger entre seguir a la izquierda hacia las alturas de juglar o seguir a la derecha hacia Siscaró. En ese punto, además del cartel hay un banco que invita irremediablemente a sentarse. El lugar no puede ser mejor. Por cierto a lo largo y ancho de este mundo parecen prodigarse esos bancos de madera o forja, colocados en lugares estratégicos, dónde si no, y a los que algún día dedicaré quizá una sección propia. Esas vistas y esos lugares en los que están bien lo merecen.




Volviendo al Siscaró, el valle se remonta por un sendero sin pérdida hasta la pradera donde las aguas se remansan. Son las aigüestortes, paraíso herpetológico. Arriba se puede continuar por detrás del refugio del Siscaró hacia las Basses del Siscaró o bien a la derecha (seguir el GRP) hasta los estanys -del Siscaró y de les Canals Rogers. Todas, láminas de agua de gran belleza enmarcadas en un escenario de montaña agreste pero suave…. Difícil contradicción y complicado de explicar; mejor verlo. Maravilla de lugar.

sábado, 2 de julio de 2016

Bosques de Redes, frescor de verano

Embalse de Tanes

Redes es sinónimo de bosques que al llegar el otoño muestran su lado multicolor, pero sin embargo uno de los mejores momentos para visitar Redes es en verano, cuando en esos mismos bosques domina el color verde.  Bosques monocromáticos para formaciones boscosas casi monoespecíficas, pues aquí, en Redes, 3 de cada 4 hectáreas de superficie están cubiertas de hayas. Me encanta acercarme en época estival hasta esta Reserva de la Biosfera asturiana de nombre tecnológico pero cuya denominación deriva del Monte Redes donde crece uno de los mejores hayedos del parque natural.

Monumento natural Tabayón de Mongayo

Y me gusta en gran medida por el frescor que transmiten sus paisajes. Agua y bosques de gran verdor, pletóricos de clorofila, con los árboles presumiendo de nuevas hojas ya bien desarrolladas. Atrás quedó la primavera para esta especie marcescente, cuando los nuevos brotes foliares empujaron a las pocas hojas, marrones y secas, que habían resistido el invierno aferradas a las ramas, invitándolas así a formar parte de la alfombra de hojarasca que tapiza el suelo del hayedo.

Sí, me gusta y mucho este paraíso forestal a orillas del Alto Nalón. Del relieve de Redes dice mucho el curso del río, que recorre 35,5 kilómetros a lo largo del parque desde su nacimiento. En su cabecera salva un desnivel de 350 m. en apenas 1,5 kilómetros de recorrido, mientras que en los 34 kilómetros restantes salva sólo 780 metros más de desnivel.

Una de las escenas más mágicas del verano, esas que me transmiten frescor 100%, es la del reflejo de sus bosques en las aguas remansadas del río Nalón. Podéis disfrutar de esto por ejemplo en el embalse de Tanes o la presa de Rioseco. Mi preferido es el de Tanes, donde está hecha la fotografía que abre el post.
Monumento natural Cueva Deboyu

Y aunque el Nalón es el protagonista fluvial, no os perdáis los paisajes modelados en la roca por sus afluentes: Alba, Caballosa, Huergo, Nozalín y otros ríos de montaña como La Marea, Infierno y Vallemoru, pertenecientes estos últimos a la cuenca del Sella. Una de esas rutas que no podéis dejar de recorrer es la Ruta del Alba (PR.AS-62).

La Cueva Deboyu y la cascada del Tabayón de Mongayu y la propia Ruta del Alba, son monumentos naturales.

Tritón jaspeado en la Ruta del Alba.

La biodiversidad de esta Reserva de la Biosfera es muy alta. No son todo hayas en el aspecto botánico, destacan los robles, abedules, alisos, arces, fresnos, etc. En cuanto a fauna, 208 especies de vertebrados (108 de aves, 50 de mamíferos, etc.). Casi nada.

miércoles, 27 de abril de 2016

Observación de osos en los Cárpatos rumanos

Los Cárpatos rumanos poseen la mayor población europea de oso pardo.

Rumanía es probablemente el mejor lugar de Europa para observación de los grandes mamíferos del viejo continente. En este país viven nada menos que unos 6.000 osos pardos (de una población europea censada en unos 17.000 osos), el 40% de los lobos europeos (unos 4.500 ejemplares) y casi el 20% de los linces boreales del continente (algo más de 2.000 linces). Faltaría, eso sí, el glotón para culminar el póker de depredadores. Aunque es en Polonia (y Bielorrusia) donde viven los bisontes europeos en libertad, en Rumanía, como en otros países (incluido España) existen también reservas donde se han introducido. Por lo demás un país excelente para también la observación de castores.

Huella de lobo sobre una de oso.

Y a eso fui hace unos días a los Cárpatos rumanos (a Zarnesti, cerca de Brasov), a tratar de observar sobre todo de osos, linces y lobos. Del primero, hasta un total de 9 ejemplares, el segundo se nos resistió en esta ocasión, y del tercero, un par de ejemplares. Casi nada. Durante las salidas al  campo a primera y última hora del día, cuando los tres son más activos coincidiendo con las horas crepusculares, los rastros de osos y lobos dejaban claro que por aquí se movían a diario. ¡Vaya si se movían!, decenas de rastros de osos y unos 3-4 rastros diferentes de lobo refrendaban la idea de que los montes Bucegi y las montañas del parque nacional Piatra Craului, son sin duda el mejor enclave del continente para observarlos. Bucegi y las montañas vecinas cuentan incluso con una densidad de carnívoros mayor  que el propio parque nacional.
Durante una espera 

Y en la tarea de observarlos en libertad hemos estado centrados mediante diferentes esperas amenizadas con la presencia de innumerables especies de aves y, cuando el sol comenzaba a apretar, también de mariposas. Varias especies de reptiles y sobre todo de anfibios hacían también las delicias cada vez que nos topábamos con alguna de las numerosas charcas durante las caminatas de aproximación.
Panorámica sobre los montes Bucegi

Pero centrándome en el asunto osero, tuvimos ocasión de observar hasta cinco ejemplares en libertad  y cuatro más en el hide de Valea Stramba (que también son salvajes), siempre acompañado de expertos guías oficiales de vida salvaje (está prohibido realizar salidas de avistamiento de fauna sin ir acompañado por guía oficial de vida salvaje). Con esa densidad de osos podéis comprender que el riesgo de peligro por toparse con un plantígrado es más que real…
Llegando al hide de osos en Valea Stramba.

Valea Stramba es un valle situado en las inmediaciones de Piatra Craului, en unas montañas transilvanas cubiertas de bosque. Son unas montañas diferentes al resto del continente por la concentración de osos que habita este bosque, Alrededor de 40 osos, algo extraordinario. Es debido a los programas de estudio científico que se realizan al hide con alimentación suplementaria (vegetales, frutas y en ocasiones carne) destinado sobre todo a fines fotográficos y de avistamiento de proximidad. Aquí se encuentra el hide para la observación de osos (en alguna ocasión ha entrado algún lobo también) y no es rara la presencia de jabalíes y zorros. Incluso una vez un lince (aunque no le seduce especialmente la carroña).
Un par de horas antes de la puesta de sol ya hemos de estar dentro del hide, en silencio. El acceso se realiza acompañados de un guarda armado y caminando unos 300 metros.  Los troncos que rodean a esta caseta elevada están llenos de arañazos de oso. La puerta de madera está totalmente mordisqueada… Sin duda, hay enormes individuos en el entorno.  Impone!!
Marcas de osos en la puerta del hide...

Es justo con las últimas luces del día (normalmente con luz suficiente para observarlos e incluso fotografiarlos) cuando los osos acuden al claro de bosque abierto frente a los cristales tintados del hide. En esta ocasión fueron cuatro ejemplares, primero una cría de 2-3 años con su madre de 22 años que protagonizaron la espera de aquella noche, y más tarde otros dos osos más. Todos de un pelaje mucho más oscuro que los osos pardos ibéricos. De hecho desde los puntos elevados y collados donde realizábamos las esperas de la mañana y la tarde en el parque, los osos se veían como puntos negros.
En la penumbra de la noche aparece un nuevo oso.


Las esperas en el campo y la combinación con una estancia en el hide son la mezcla perfecta para disfrutar de los osos rumanos. Como siempre, el viaje lo realicé de la mano de la agencia española EcowildlifeTravel. La guinda del pastel en la excursión al hide la puso el avistamiento de águila imperial y águila pomerana por la tarde y ya por la noche en el trayecto de salida, el encuentro con el enorme cárabo uralense.

jueves, 11 de febrero de 2016

Bass Rock, la otra isla de Alcatraz

Bass Rock, la mayor colonia de alcatraces atlánticos

Bass Rock está escrito en letras mayúsculas en la naturaleza mundial. Si el paseo de la Fama de Hollywood contuviera lugares iconos en la naturaleza, Bass Rock tendría sin duda su estrella. Y no una estrella cualquiera.

Esta enorme roca basáltica emerge en la costa Este escocesa dentro del fiordo Firfth of Forth. Forma parte de un pequeño archipiélago frente al pueblo de North Berwick, a unos 40 minutos de Edimburgo. El archipiélago está formado por cinco islas principales y un puñado de pequeños islotes. Cada isla es diferente, las hay planas y herbosas como Craigleigth o Frida, la “isla de los Frailecillos” y la del “mapa del tesoro” de Stevenson respectivamente, la de mayor tamaño y bastante plana: May, la rocosa The Lamb, o la más alta y escarpada, que es Bass Rock.
Llegan a juntarse 150.000 alcatraces para reproducirse

En el puerto de North Berwick se encuentra además la sede del Scottish Seabird Centre, un moderno edificio que alberga las oficinas de la mencionada sociedad escocesa de aves marinas pero que sobre todo es un magnífico y moderno centro de interpretación con tienda y restaurante. También el centro desde donde se organizan y parten las excursiones para visitar The Lamb, Craigleigth, Bass Rock y May. A la isla de May se organizan salidas de unas 4 horas en las que se puede desembarcar y estar alrededor de un par de horas en tierra rodeado de frailecillos, alcas, araos y charranes. En The Lamb, Craileigh y Bass Rock no se desembarca. Ambas forman parte de una misma excursión (de aproximadamente una hora de navegación) que rodea el perímetro de las islas. Existe la opción de desembarcar en Bass Rock, dentro de la excursión que va directo a esta isla y, si las condiciones lo permiten, poner pie a tierra un rato. Más info sobre las excursiones.
Bass Rock teñida de blanco, pero no precisamente de nieve...

A pesar de que Bass Rock parece tocarse con la mano desde tierra, no son pocas las ocasiones en las que las condiciones meteorológicas impiden al barco realizar tan deseada excursión. El principal problema es el viento y la mayor certeza de que el bote parta es cuando éste sopla del sur. Sólo así, y no siempre, el mar se encuentra en condiciones navegables. En Escocia la seguridad es lo primero y ante el más mínimo riesgo, se aplaza la navegación (si se cancela te dan plaza en la primera salida que haya).

No cabe ni un alfiler...

¿Qué tiene de particular Bass Rock? Pues nada más y nada menos que albergar entre mayo y septiembre, la mayor colonia reproductora de Alcatraces atlánticos del planeta. Llegan a juntarse hasta 150.000 alcatraces en un espectáculo sin parangón. Sin duda en el Top Ten de los destinos mundiales de Birdwatching.

¿Por qué vienen cada año a este islote escocés? Es sencillo, encuentran todo lo que necesitan: mucho alimento (al fin y al cabo la razón más importante en toda migración animal), la seguridad frente a depredadores terrestres que le confiere criar en una isla, no son molestados por el hombre, abundan los buenos sitios para hacer el nido (en plena temporada de reproducción, no cabe ni un alfiler entre nido y nido) y, algo fundamental en esa época del año, son meses con mayor cantidad de horas de luz que se traducen en más tiempo para pescar y alimentarse. Con todo ello no es de extrañar que ya desde tierra firme, la isla se vea teñida de blanco, el blanco puro del plumaje de los alcatraces posados en sus nidos.
Araos en Bass Rock


Una vez concluido en primer lugar el rodeo a la isla Craighleight (a la que ya dediqué este post), a medida que el barco se acerca a Bass Rock el ir y venir de alcatraces que rodean la embarcación es incesante. Una vez frente a la descomunal pared basáltica, la sensación es indescriptible. Miles, decenas de miles de gigantes alados copan cualquier lugar al que se mire. Vuelos casi rasantes sobre la cabeza, entradas en picado al agua para pescar, etc. También viven en la isla araos, alcas, y cormoranes o algún frailecillo, pero son colonias diminutas comparadas con la abrumadora presencia de los alcatraces. Basta con ver su nombre científico (Morus bassanus) para entender que su apellido latino –bass… ana- está más que justificado y quien es el verdadero protagonista alado en la isla. A finales de septiembre ya casi no quedan aves en la Bass Rock. Marchan en su periplo viajero de 6.000 kilómetros rumbo a África pero, a primeros de mayo, como hacen las oscuras golondrinas de Bécquer, regresarán los blancos alcatraces a su casa, la que sin duda es la otra isla de Alcatraz. Absolutamente espectacular!!

jueves, 7 de enero de 2016

Frailecillos de la isla Craigleith

En Craileight crian unas 5.500 parejas de frailecillos

Frente a la costa de la región escocesa de los Lothian orientales, en la boca sur del fiordo Firth of Forth emerge un pequeño archipiélago formado por cinco islas y un puñado de islotes. Por claros motivos, la más famosa de ellas es Basss Rock y la más literaria Fidra island, razones que os explicaré en próximos post.
Craigleith vista desde el puerto de North Berwick.

Craigleith es la más próxima al pequeño puerto de North Berwick, desde donde parten excursiones en barco a esta pequeña y baja isla situada a 1 kilómetro del puerto. En esta población costera situada a 40 minutos de Edimburgo se sitúa el Centro de Aves Marinas de Escocia (Scottish Seabird Centre), un fantástico centro de interpretación sobre las aves marinas dedicado especialmente a las aves de estas islas escocesas. Son también quienes organizan las excursiones en bote.
Araos sobre las rocas de Craigleith

La excursión a Craigleith forma parte en realidad de la misma que lleva a Bass Rock, principal atractivo insular local, y lo que hace es rodear el perímetro de la pequeña Craigleith para luego dirigirse a la vecina Bass Rock y hacer lo mismo en esta enorme roca basáltica emergida. ¿Qué tiene de interesante Craigleith? Pues sin duda las diferentes colonias de aves marinas que la habitan. Algunas aves son residentes mientras que otras, como los frailecillos, llegan a la isla entre marzo y finales de agosto para criar en sus nidos-madrigueras que sitúan en las zonas herbosas de Craigleith. Los frailecillos son sin duda el mayor reclamo de esta isla, llegando a formar una colonia integrada por unas 5.500 parejas.

Parejas de Eider.


Entre los principales habitantes alados de Craigleith se encuentran los cormoranes (entre febrero-finales agosto), alcas (abril-septiembre), araos  (abril-septiembre) y alguna pareja residente de halcón peregrino. También la presencia todo el año de foca gris. Una vez la embarcación alcanza la base de la pared rocosa de la isla, comienza un rodeo a marcha lenta que  permite ir observando y fotografiando las aves mientras nadan, pescan o descansar en su quehacer diario. Un magnífico aperitivo para Bass Rock y una inolvidable experiencia en sí mismo.

martes, 17 de noviembre de 2015

Garganta del río Dunajec, en los Montes Pienines

Río Dunajec, en el parque nacional Pienines

Y allí me encontraba hace unas semanas, sentado sobre las tablas de una de las muchas balsas tradicionales que a diario bajan el río Dunajec, el eje vertebral del parque nacional de los Montes Pienines, al sur de Polonia. Me habían recomendado este sencillo descenso como la mejor forma para apreciar la garganta caliza del Dunajec, y a buena fe que lo es. La bajada en balsas presenta dos particularidades: que se viene realizando desde hace más de un siglo y que las balsas son embarcaciones que se desmontan totalmente en piezas cuando concluyen el recorrido y que las vuelven a montar cuando las meten de nuevo en el agua río arriba. El descenso es muy sencillo, tanto que el visitante no hace nada; sólo sentarse y disfrutar del que sería una especie de safari fotográfico paisajístico. Dos barqueros se encargan de conducir la embarcación río abajo con la ayuda de un largo palo a modo de pértiga. Se puede realizar un descenso de 18 kilómetros (2 horas) o de 12 kilómetros (1 h. 30 min.). El tramo más apasionante es el segundo, donde se localizan los kilómetros más fascinantes de este recorrido por los Montes Pienines, una bella sierra de los Cárpatos.
Monte Sokoloica

Este tramo se inicia en el puerto del pequeño pueblo de Sromowce-Katy y durante buena parte del descenso el río sirve de frontera entre Polonia y Eslovaquia, hasta casi el final del recorrido en Szczawnica-Nize. En verano bajan el río más de 200 balsas y algunas hasta dos veces por jornada.
Monte Las Tres Coronas

Durante el recorrido se disfruta de las mejores panorámicas de la Garganta del río Dunajec, rocas calizas de inmensas paredes oscuras que se alternan con bosques formados fundamentalmente por hayedo-abetal de gran frondosidad y belleza, especialmente en otoño, el mejor momento para la visita. Pero ojo, sólo hasta el 31 de octubre, cuando cesan los descensos por la climatología hasta el mes de abril.
El río  se desciende en balsas tradicionales desde hace más de un siglo

El descenso es muy popular en Polonia y los puntos de mayor interés son el Monte Tres Coronas (con sus 982 m. es la máxima altura del parque), nada más comenzar el recorrido, y el monte Sokoloica en cuya cima se encuentra uno de los miradores más célebres del país colgado sobre un meandro del río.

El parque destaca por su gran cantidad de endemismos botánicos, como el diente de león de los Pienines (Terexacum pieninicum) y el Erysimum pieninicum, además de muchas especies de orquídeas. Entre sus habitantes más famosos, el lince boreal (encabezando una lista de fauna vertebrada compuesta por más de la mitad de todas las especies presentes en Polonia), además del treparriscos o 17 especies de quirópteros, si bien el parque es un paraíso entomológico.
Llegando al final del descenso, en Szczawnica


Un lugar precioso, mágico, que cuenta la leyenda fue el hogar del Robin Hood polaco… 

jueves, 15 de octubre de 2015

En busca del oso en los Tatras polacos


En la región de Malopolska, al sur de Polonia, se levantan las abruptas montañas de la cordillera de los Tatras. Zakopnae es su localidad de referencia y el rebeco el emblema de un parque nacional en el que viven también osos, lobos, linces boreales, urogallos, ciervos, corzos, y un largo etcétera de animales asociados, fundamentalmente, al bosque, que es lo que predomina en el parque nacional Tatra.

Los Montes Tatra pertenecen en realidad a Polonia y Eslovaquia, que no se lo reparten a partes iguales, lo hacen a razón de un 20% y un 80% respectivamente. Unos 1.000 kilómetros forman el parque nacional Tatransky (los Tatras eslovacos) y poco más de 200 kilómetros cuadrados se encuentran en el parque nacional Tatrzanski, en Polonia.
Y a los montes Tatras llegué en busca de osos pardos. Por su densidad (unos 20 ejemplares) no es el mejor lugar de Europa para ir a buscarlo, pero había que intentarlo. Máxime cuando partimos conocedores de que el día anterior se había visto uno en la zona del pico Kasprowy. Allí fuimos en su búsqueda.

El Monte Kasprowy es muy famoso por su fácil acceso en funicular desde Kuznice, en Zakopane, que sube desde los aproximadamente 1.100 metros de altitud hasta los 1.987  metros de la cima. Una vez arriba, las vistas panorámicas son absolutamente espectaculares, dominando los Tatras occidentales y las altas cumbres de los Tatras centrales (rondan los 2.500 metros de altitud). El día comenzó bien, con un sol espléndido en la cumbre, y un mar de nubes que poco a poco iba trepando ladera arriba a buen ritmo. Supongo que a media mañana nuestra privilegiada visión de las cumbres sería ya misión imposible cubiertas por la niebla. El otoño es probablemente la mejor época en estas montañas ya que al fantástico colorido de serbales, arces, hayas, alerces y abedules, se unen las escasas precipitaciones que se suelen registrar en la estación de los colores. Completan el panorama arbóreo los pequeños pinos muga, las coníferas que crecen a mayor altitud en etas montañas, y los esbeltos abetos.

Desde uno de los espolones del pico, al que se llega caminando en 30 minutos desde la estación superior del teleférico, se abre el abismo de los Tatras eslovacos. Privilegiado mirador éste de las montañas vecinas.

Nuestro recorrido en busca del oso visto la jornada anterior lo realizamos  acompañados de un guía polaco del parque nacional (Jan) y de Olmo, un gallego que realizaba prácticas en este espacio protegido. Buena compañía.

El punto de inicio lo establecimos en la estación meteorológica, el edificio situado a mayor altitud en Polonia, y desde allí emprendimos el descenso durante 6,2 km. por las praderas de alta montaña y los bosques hasta la base del teleférico. Es un recorrido popular y los visitantes lo suelen realizar de subida. No está mal teniendo en cuanta que no existe un metro en llano y salva un desnivel de 1.000 metros. En bajada, es algo así como una escalera irregular de piedras, sin dificultad técnica, pero en permanente descenso.


¿Y el oso? Pues por allí estuvimos buscándolo en las zonas donde se suele mover, por los claros de bosque y los lindes forestales entre el bosque y las praderas de alta montaña. Nada de nada. La veintena de osos pardos que habita los Tatras polacos se mueve con enorme facilidad y bastante frecuencia entre ambos países. Me comentaba Olmo que un oso marcado con radiotrasmisor se había desplazado en un par de meses desde Polonia a Eslovaquia y de aquí a los Cárpatos rumanos pasando por las montañas húngaras antes de regresar a Polonia… un buen viaje para el plantígrado.

Disfrutamos en cambio con las panorámicas cimeras, con el hábitat donde se movían los rebecos y marmotas, de la calma del bosque en el que se esconden sigilosamente, fuera de la vista humana, una manada de lobos, un centenar de ciervos, urogallos y linces boreales. No obstante la jornada fue sumamente agradable, entre colores otoñales y el frescor de los arroyos en el fondo del valle Bystra.

Bajando por el empinado sendero que recorre el cordal que separa los valles de Goryczkova al oeste y Kasprowa al este, hasta la proa del cordal (Myslenickle Crags; 1.360 m.), donde se ubica la estación intermedia del teleférico. A partir de aquí el sendero pasa a ser pista por el valle Bystra y el desnivel se suaviza notablemente.


Al día siguiente, cuando me disponía a recorrer otros de los valles de los Tatras occidentales, Jan y Olmo, los guías del parque nacional me mandaron un mensaje: ¡hemos visto al oso!, esta mañana, desde el teleférico. Tal vez tenga más suerte en mi próxima visita a este bello parque nacional polaco… "Nature is nature".
El oso, en el centro, fotografiado desde el funicular. Foto: Katie Philips.