miércoles, 29 de septiembre de 2010

La Migración en Masai Mara. El río Mara II.


Masai Mara siempre depara momentos inolvidables. Es algo inherente al parque, casi como la propia fauna que lo habita. No hay safari en Masai Mara que no proporcione un amanecer, un atardecer, una escena de caza, un momento tierno madre-hijo, etc.; pero sin duda hay una época en la que Mara es especialmente generosa con estas escenas inolvidables, la época de la Gran Migración.

Es época de esplendor en Mara. De nervios, de abundante comida para herbívoros y carnívoros, de cruces de río. En las orillas del Mara he fijado el primero de los momentos inolvidables de la migración. El río no sólo lo cruzan ñus y cebras, también es el obstáculo a salvar por el resto de animales terrestres que tienen en esta porción de la sabana africana su hábitat. Las gacelas e incluso las jirafas también lo cruzan.
Después de unas cuantas horas apostados en la orilla del río en uno de los frecuentes lugares de vadeo para los ñus y cebras, apareció ante nosotros una manada de jirafas decididas a cruzar el río. Como siempre, las hay más valientes y menos valientes. Las primeras cruzaron con mucha más gloria que pena, pero una quedó rezagada en el intento. De todos es conocido que el chapoteo de las pezuñas en el agua al cruzar es un imán para los cocodrilos que patrullan río arriba y abajo en busca de “movimiento”. Bueno de todos no; ésta pobre jirafa no debió acordarse y su falta de decisión le dejó “colgada” mientras sus compañeras de baño la llamaban desde la otra orilla, incluso retrocediendo hasta el borde para animar así a su pariente a cruzar.

Claro que este momento inolvidable, más que para mí, lo fue sin duda para la jirafa y las cebras que miraban el terraplén fijamente, sin parar de hacer movimientos nerviosos pero sin decidirse a bajar. Si no fuera por el par de cocodrilos que desafiaban (seguramente silbando como si no fuera con ellos la cosa) el cruce de miradas al borde del agua… Así pasaron horas unas mirando y amagando, y los otros silbando sin moverse, así que el final de la historia no os lo puedo contar pues caía la tarde y era momento para ir en busca de felinos que, de hecho, no andaban lejos.

Otro momento inolvidable del safari en esta época es el que uno siente al quedar envuelto por la gran manada. No hay más que acercarse a la hilera de hormigas en fila india que forman los ñus en esta época de ajetreo sur-norte y detener el vehículo. En unos instantes el coche es literalmente envuelto por miles de ñus que, como la gran marabunta, no detienen el paso. Y es que no hay nada como el instinto animal. La cabra tira al monte y el ñu a los pastos frescos de Masai Mara.

Hay un tercer momento, pero lo dejo para mañana por inusual, afortunado e inolvidable.

2 comentarios:

  1. Este puede ser un gran viaje para hacer con los niños...

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  2. Si Diana seguro que inolvidable pero te recomiendo a partir de 7-8 años ya que se pasa bastante tiempo en coche durante los safaris, especialment en época de migración mientras se espera en el coche los posibles cruces de río por parte de las manadas.
    saludos

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