viernes, 21 de enero de 2011

Parque nacional Arikok, Aruba


Fue precisamente a primeros de un mes de enero, el de 2004, cuando fui por primera vez a Aruba. Era la época futbolística del Barcelona de los holandeses (como han cambiado las cosas…) y os preguntaréis, como es lógico, ¿a cuento de qué os digo ahora esto? Pues uno de mis clientes, una empresa con sede en Barcelona, andaba buscando destino diferente para su viaje de incentivo anual y como por aquella época sonaba mucho por la Ciudad Condal (al menos eso fue lo que me dijo; yo vivía en Madrid) como magnífico lugar de vacaciones para alguno de esos holandeses la isla de Aruba pues… allá que me mandaron! A conocer y examinar a fondo las posibilidades de la isla para un futuro viaje a esta isla de las Antillas Neerlandesas.

Fue así como llegué a una isla a la que, en principio, no tenía pensado ir (al menos a corto plazo). Al pisar Oranjestad, la capital, me recibieron y trataron las autoridades turísticas por todo lo alto, dicho sea de paso (y agradecido que sigo). También para ellos era noticia que estuvieran en el punto de mira como destino de incentivos...


Venía directamente de recorrer la Reserva de la Biosfera de Sian Kaan en la península de Yucatán, donde las distancias son grandes y me sorprendió nada más aterrizar desde Cancún, en primer lugar el tamaño de la isla. Una isla muy pequeña (40 kilómetros de largo por 8 kilómetros de ancho), enclavada en el Caribe frente a la costa de Venezuela. Las buenas comunicaciones hacen además muy fácil moverse por ella. Me llamó la atención como una mitad de la isla está bastante edificada (occidental) y la otra casi virgen (oriental). También me llamó la atención el papiamento (su lengua oficial, que por cierto algo de español tiene…).


Fue así como descubrí el parque nacional Arikok. Se trata de un parque nacional semidesértico que ocupa casi el 20% de la isla de Aruba. Está situado en la vertiente oriental. Antaño habitado por los indios Arawak (que han dejado entre otras cosas manifestaciones pictóricas en abrigos naturales y cuevas como en el caso de la Cueva Fontein, en la foto). La flora y la fauna son muy particulares. Diferentes a la imagen tropical y exuberante que habitualmente tenemos de las islas caribeñas. Abundan las cactáceas de diferentes especies y la isla es productor mundial de Aloe vera. Es importante la existencia de fósiles y microfósiles vegetales.


Respecto a la fauna, ésta es generosa en reptiles (como la curiosa lagartija verde que me recibió a la entrada, iguanas y serpientes), y sobretodo aves.

El parque se recorre con facilidad mediante la red de caminos y senderos que lo atraviesan desde el mar hasta su punto más alto, casi en el centro de la isla: las colinas Jamanota (188 m.). También se recorre en 4x4 y es así como se llega por ejemplo al litoral en el que abundan las dunas y alguna playa –pocas en relación a la otra mitad de la isla- como los parajes de Dos Playas y Boca Prins (fotos), muy cerca de Fontein cave, y también a las piscinas naturales (más expuestas al oleaje) llamadas Conchi. Todo el uso público y los lugares de interés se concentran en la mitad septentrional del parque, al que se accede por carretera desde Santa Cruz. En la entrada (acceso San Fuego) existe un centro de información del parque nacional.

martes, 18 de enero de 2011

Bazaruto, paraíso entre delfines


Salir al mar para ver delfines siempre es agradable y simpático. Si además lo hacemos en el parque nacional del archipiélago de Bazaruto, el resultado es paradisíaco. Frente a la costa de Mozambique, en el enorme brazo de mar que separa el sur del continente africano de la isla de Madagascar, es decir, el Canal de Mozambique, se dispersan un puñado de islas de forma paralela al litoral. Uno de este conjunto de islas es el archipiélago de Bazaruto, frente a Vilanculos.

Bazaruto es parque nacional marítimo terrestre desde 1971 y está formado por cinco islas a cada cual más espectacular (Bazaruto, Santa Carolina o isla Paraíso, Benguerra, Magaruque y Bangue de norte a sur respectivamente). El tópico de playas infinitas y solitarias de arena blanca cegadora bañadas por un mar azul con todas las tonalidades posibles entre turquesa y el esmeralda está aquí representado como en pocos sitios. A Bazaruto llegué casi por casualidad, para conocer el parque y un hotel como complemento al parque nacional Kruger, en Sudáfrica. Lo que no es casualidad es que me impactó de tal forma que volví y es seguro que regresaré.


La isla de mayor superficie, que da nombre al archipiélago, es una especie de pequeño continente de 37 kilómetros de largo por 7 de ancho con una gran cantidad de hábitat desde lagunas saladas y dulces donde habitan cocodrilos y flamencos desde octubre bajo la atenta mirada de las águilas pescadoras, hipopótamos de agua salada –algo muy poco frecuente-, y hasta altísimas dunas de arena inmaculada. En sus manglares vive a gusto el manatí o dugon (el nombre de vaca marina nunca me ha convencido del todo…). A sus playas llegan 5 especies de tortugas marinas para desovar cada año y mar adentro sus aguas están habitadas por tiburones, mantas raya o diferentes especies de cetáceos -desde ballenas jorobadas o australes a delfines- y peces como el marlin o el pez vela. En los arrecifes de coral circundantes, uno de los mejor conservados del mundo, nada menos que 2.000 especies de peces… el 80% de las especies del Indo-Pacífico.
Están presentes 180 especies de aves, que multiplican su densidad desde septiembre a abril con la presencia de zancudas migratorias.

¿Qué que hacen por aquí cocodrilos e hipopótamos? Pues la evidencia de que el litoral de Mozambique estaba en sus áreas de distribución cuando estos cinco pedazos de tierra se disgregaron de la costa hace 10.000 años.
En el parque, de forma sencilla desde el lodge Indigo Bay resort, se organizan salidas para ver cetáceos. Hay que navegar despacio, pues no es raro toparse con alguna tortuga marina. Los delfines no tardan en aparecer y se muestran dóciles y juguetones con la proa del barco. Se trata del delfín mular o delfín de nariz de botella (Tursiops truncatus), el más cosmopolita y común de las 30 especies de delfines existentes, llamado así por la forma que tiene su mandíbula superior más corta que la inferior. Poco tiene que ver con la nariz real pues ésta es en realidad el espiráculo dorsal. Desde la cubierta de la embarcación se observan con facilidad estos grupos (vainas) de 10-12 individuos. Sus cuerpos grises saltan en armonía en la proa del barco dejando ver su tamaño, de 2,5 metros de longitud, sensiblemente menor que el los delfines mulares de aguas más frías, cuyos machos alcanzan los 4 metros de longitud. Valioso como este parque nacional del sur de África.

sábado, 15 de enero de 2011

El baño de los elefantes, un spa bestial


El elefante asiático es por naturaleza, mucho más “dócil” y domesticable que el africano. Es por esto que una de las actividades usuales en países como Tailandia o Nepal sea compartir baño con los paquidermos. Abro un paréntesis para insistir en que este comportamiento benigno en el caso de los asiáticos es con ejemplares domesticados; es decir, cuidado con los elefantes salvajes, ya sean asiáticos o africanos.


En el parque nacional Royal Chitwan, al sur de Nepal, esta actividad se encuentra entre una de las más solicitadas por los visitantes. Pocas veces se tiene la ocasión de darse un baño con ellos. La actividad consiste en participar en su higiene diaria, consistente, entre otras cosas, en un baño en el río. El animal disfruta de lo lindo, especialmente si el día es caluroso.
Hoy, como ocurre con frecuencia en Chitwan, la humedad del río propicia una neblina que por la mañana comenzó como densa niebla. Los cuidadores esperan en la orilla para recibir a los visitantes e indicarles cómo subir al elefante. Previamente podemos meternos en el agua a frotarles su rugoso cuerpo. Una vez en el lomo, sólo queda disfrutar desde esta panorámica elevada del río y cómo se refresca. El cuidador se encargará a buen seguro de contribuir a que nos bañemos también. Basta darle la orden oportuna al paquidermo para que su trompa descargue sobre nuestra cabeza un chorro que ni el mejor spa.


La actividad permite por otra parte un contacto con los animales que nos adentrarán en la selva en busca del tigre y el rinoceronte. Elefante y cuidador serán nuestros anfitriones en los safaris por el parque nacional.


Si vais a Chitwan fijaos si el hotel dispone de elefantes para los safaris, sólo así podréis disfrutar también del baño. De lo contrario, el baño se limita al que se efectúa con los elefantes del centro de recuperación del parque.
Ah!! Se me olvidaba un pequeño detalle, en Chitwan hay cocodrilos pero no suelen acercarse a los paquidermos…

jueves, 13 de enero de 2011

Narajany safari lodge, Chitwan



Parque nacional Royal Chitwan, Nepal.

El parque nacional Royal Chitwan, en Nepal, no se caracteriza de momento por la proliferación de alojamientos (esperemos que se quede así por el bien de la conservación del lugar). Tampoco por la existencia de hoteles de lujo al estilo lodge africano o asiático como en otros destinos de naturaleza y safaris. Dicho esto, una de las mejores opciones en Chitwan es el Narajany safari lodge.




Se trata de un lodge muy bien ubicado, a orillas del río Rapti, y a 40 minutos del aeropuerto de Bharaptur. Es un buen ejemplo de lo que entendemos por un ecolodge. Está gestionado por la comunidad local (el pueblo Tharu) y se ha edificado, sin grandes lujos, con materiales propios de la zona, en bungalows bien integrados en el entorno. Está falto de zonas comunes, pues realmente la vida en el lodge se hace en una única sala que sirve de restaurante, bar y área de relax. A cambio posee una terraza privilegiada con unas panorámicas sobre el río Rapti y el parque nacional en las que uno puede pasarse horas enteras.
Las habitaciones son sencillas pero bastante amplias.


Quizá el punto fuerte del lodge sea el de su respeto al medio ambiente y el del naturalista que se encarga de las charlas, asesorar y acompañar a los clientes en los safaris fotográficos por el parque nacional. Organiza interesantes paseos para ver la flora dentro del recinto del lodge.
El lodge cuenta además con un grupo de elefantes (para realizar los safaris en elefante por el parque) y con los que es posible interactuar en su baño diario en el río.

También especialmente interesante resulta la actividad que ofrecen para visitar el pueblo Tharu subido en carros de bueyes.





Éstas son mis valoraciones:

Situación: 8
Accesos: 7
Tranquilidad: 8
Arquitectura: 7
Ambiente: 6
Habitaciones: 5
Zonas comunes: 2
Gastronomía: 3
Servicio: 5
Servicio guías: 8
Integración Naturaleza: 8

Valoración general: 5-6

miércoles, 12 de enero de 2011

Pingüinos africanos. Ciudad del Cabo


Si habéis leído bien. No me he vuelto loco. Cuesta imaginar pingüinos tomando el sol en la playa, muy lejos de las nieves y hielos antárticos.... Pues bien existen varias especies de pingüinos que no viven en la nieve, tal es el caso por ejemplo, del pingüino magallánico de Península Valdés, en Patagonia. Y tal es el caso también de un pariente muy cercano al de Magallanes, Humboldt o Galápagos pero con ligeras diferencias en el comportamiento (Spheniscus demersus): el pingüino africano.


Las poblaciones del pingüino africano viven en el sur del continente. Las tres principales viven en islas: St. Croix (cerca de Port Elisabeth) con 50.000 individuos, la isla Dassen cerca de Yzerfontein (30.000) y la isla Dyer, cerca de Ganbsaai con unos 20.000 pingüinos. En el extremo meridional de África, muy cerca del Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), en la False Bay, vive la mayor colonia continental del pingüino africano. Se trata de la colonia de Simon’s Town (fotos), en la playa de Boulders.


A Simon's Town llegó una pareja en 1983 que sacó adelante una puesta un par de años después. Año a año, con un ritmo de crecimiento anual del 60%, la colonia fue creciendo hasta las más de 2.500 aves actuales. Para conocerlos, en la playa se ha colocado un pequeño pero interesante centro de interpretación y se ha habilitado un cómodo sistema de pasarelas de madera para abrirse camino entre los nidos y conducir a los visitantes a la playa en la que viven estos simpáticos animales. Excursión idónea para combinar con una visita al Cabo de Buena Esperanza, de camino a False Bay para ver tiburones bancos o a Hermanus para contemplar las ballenas francas.