miércoles, 6 de julio de 2011

Oasis de montaña

Oasis de Chebika.

Chebika, Tamerza, Mides… no son los únicos pero si los principales oasis de montaña al norte de Tozeur, en pleno desierto tunecino. También son los que se ofrecen de forma más habitual al visitante, diciendo esto como algo positivo en el sentido de facilidad de acceso sin restar un ápice del encanto y la belleza. Son lugares sorprendentes, cada uno muy diferente del anterior, y con paisajes sublimes. El oasis de Chebika es el primero que encontramos y el más impresionante. Un oasis de manual, con sus palmeras, sus cursos de agua y sus paredones de más de 150 metros de altura. Sorprende la existencia de bellas cascadas que podemos disfrutar en un recorrido circular a pie para visitar el corazón del oasis, abierto en la roca a los pies del Chott Gharsa. Cursos de agua y pozas en las que está presente la vida animal. Centenares de ranas saltan sin cesar entre la vegetación ribereña. No es la única cascada que existe en medio de la nada pero si la más bucólica, en un pequeño circo rocoso rodeado de palmeras. El sendero remonta la pequeña garganta ofreciendo desde la parte alta una panorámica inigualable del horizonte con el lago salado. En total no lleva más de 20 minutos hacer el recorrido completo por este oasis que en su día fue campamento romano.
Oasis de Tamerza.

Cañón de Midès, muy cerca de la forntera con Argelia.

A 14 kilómetros al norte de Chebika nos encontramos con la antigua Ad Turres romana, Tamerza. Hoy de la vieja ciudad de Tamerza sólo quedan los muros de sus casas de adobe, pero ahí radica la belleza del enclave. Desde el hotel y restaurante Tamerza Palace se divisa una panorámica del oasis con las montañas de telón de fondo. De nuevo palmeras, aunque algunas menos, y regatos de agua.
llegando al osasis de Chebika.
Desde la parte alta de Chebika.

Finalmente cierra esta trilogía de oasis de montaña el cañón de Midès, en el límite con la frontera argelina. Se trata en realidad de un cañón de paredes profundas labrado por el río, casi seco, en cuya parte alta se encuentra el pueblo del mismo nombre. Hay algunos senderos que bajan al fondo del cañón si queremos tener una panorámica distinta.

lunes, 4 de julio de 2011

Lagos salados en el desierto tunecino

Chott el Djerid, el mayor de los lagos salados tunecinos.

De nuevo me detengo en Túnez, pero no en el desierto de arena sino en un elemento paisajístico tan curioso como los lagos salados en medio del desierto. Son conocidos como Chott y tienen carácter temporal, inundados en parte durante el invierno pero secos la mayor parte del año. Es un paisaje de sal, de mucha sal. Algún día estuvieron bajo las aguas del Mediterráneo y hecho están, aunque sin agua, por debajo del nivel del mar. Es terreno de horizontes infinitos donde los espejismos hacen mella en la vista y juegan malas pasadas a la hora de buscar el final del lago. Tanto que no lo encontraremos. No en vano se trata de lagos con grandes dimensiones.

Rosa del desierto.

El mayor, con 7.000 kilómetros cuadrados, es chott el Djerid. El principal acceso es la carretera que une Kebili y Tozeur, pues atraviesa el lago de norte a sur. Otros accesos son las poblaciones de Nefta y Douz. Tan singular paisaje ha servido de escenario a célebres películas y de nuevo encontramos en Star Wars o El Paciente Inglés a alguna de las más famosas.
La superficie del lago es un mosaico de colores rojos y rosas allí donde existe algo de agua, y un blanco cegador de la infinita costra de sal en las zonas secas. De sus entrañas salen las famosas Rosas del desierto, una curiosa piedra con formas poliédricas laminares que recuerdan los pétalos de una rosa, resultado de la conjunción de capas de yeso, agua y arena, y que se ofrecen a los visitantes en cualquier punto del desierto de Túnez.

Al este del Djérid se localiza el chott el Fejadj que rivaliza en dimensiones con el segundo lago más importante de Túnez, el Chott Gharsa, al norte de Tozeur y muy cerca de los oasis de montaña en los que pararemos mañana.
Chott Gharsa, al norte de Tozeur.

viernes, 1 de julio de 2011

Dunas en el desierto de Túnez


Las estribaciones nororientales del desierto del Sahara presentan sus dunas en el sur de Túnez. Los principales sistemas dunares se encuentran en los alrededores de Tozeur, la ciudad de las palmeras, Douz, la verdadera puerta del desierto tunecino, y Ksar Ghilane, de norte a sur –siempre en la zona meridional de Túnez. Tres oportunidades para conocer un desierto de dunas parecido… pero diferente. Todas, de cine.

Las de Lariguette (Tozeur) son unas dunas bajas-medias de color blanquecino, no es una mancha desértica (erg) grande pero tiene un encanto innegable. Por aquí llegó George Lucas en los años 70 para rodar la Guerra de las Galaxias, y a ellas ha regresado en cada entrega de la saga Star Wars para dar continuidad a su planeta Tatouine (que por cierto es una localidad que no queda lejos de Tozeur). Los amantes de la saga están de enhorabuena pues aparte de conocer y disfrutar de las dunas, pueden visitar alguno de los escenarios que el cineasta dejó como regalo a este país.



En las inmediaciones de Douz se encuentra una concentración de dunas de mayor tamaño en superficie aunque más bajas que las de Tozeur. Aquí se organizan paseos en dromedario (unos 20 euros) para sentirse Lawrence de Arabia por unos instantes. No en vano aquí se rodó también la célebre película de este príncipe del desierto. Llaman la atención algunos jinetes que se dedicar a hacer acrobacias sobre su dromedario en busca de la propina al paso de la caravana de turistas.


El mejor encuentro con la naturaleza de las dunas lo hallamos en Ksar Ghilane, unas 4 horas al sur de Douz, enmedio de la nada. Bueno si, enmedio de un mar de dunas impresionante, de los que copan todo el horizonte visual, medias-altas y de un bello color naranja.

miércoles, 29 de junio de 2011

Erg Chebbi, las dunas más altas de Marruecos

La Gran Duna alcanza los 200 metros de altura.

Creo que cada vez más me atrae el desierto en todas sus variedades. Algunos apuntes desérticos los reflejaré en futuros post sobre Túnez. Marruecos ofrece un Sahara diferente. Igual de bonito e interesante pero diferente. No hay dos desiertos iguales. Ni tan siquiera cuando hablamos de un mar de dunas. Nada se parecen las dunas naranjas de Kashar Gilane en Túnez o las dos grandes acumulaciones de dunas de Marruecos: Erg Chebbi y Erg Cheggaga. Dejo atrás las montañas del Atlas medio, con sus cedros y sus monos, para dirigirme hacia el Gran Sur donde me aguardan las dunas del Erg Chebbi, en Merzouga.
Se trata de las dunas más altas de Marruecos -la Gran Duna del Chebbi mide 200 metros de altura- y también las de perfiles más angulosos. Para conocerlas de cerca existen diferentes pistas y caminos que conducen hasta la entrada del desierto arenoso. Entre Rissani y Merzouga, dirección hacia el albergue Yasmina, sale una pista de 14 kilómetros que conduce hasta el borde de la arena.

Amanece en el desierto del Sahara marroquí.

Una vez allí las opciones son varias pero las más recomendables pasan por subirse en un dromedario para ver a amanecer –experiencia que cuesta unos 20-30 euros- o hacerlo a pie (que tampoco está mal9 y subir hasta alguna duna de las más elevadas para disfrutar con la salida o la puesta del sol. Otra opción es bordear el Erg Chebbi por el río de arena. Necesitaremos un vehículo 4x4 eso sí para llegar a buen puerto. O al mirador rocoso desde el que se disfruta de una bella panorámica de este mar de arena. Recomiendo dejarse guiar por alguno de los muchos bereberes que viven en la zona y que por un módico precio serán unos anfitriones excelentes.

martes, 28 de junio de 2011

Safari a pie por la Amazonía ecuatoriana


La Casa del Suizo, aunque parezca lo contrario, está en pleno Amazonas. El nombre de este lodge recuerda a Benny, el helvético que se instaló aquí en la década de los 80 después de su particular periplo por Sudamérica.
Ideó y construyó un lodge sencillo pero acogedor y muy bien situado a orillas del río Napo, la principal arteria fluvial de la cuenca amazónica ecuatoriana. El alojamiento domina un recodo del río ofreciendo una panorámica aérea excepcional sobre la selva y el río. Un verdadero gustazo el momento de relajarse en alguno de los balcones de madera sobre el Napo. El acceso desde Quito se realiza cruzando los Andes y adentrándose en la selva en un recorrido de 4 horas hasta Punta Ahuaho, en la orilla del río Napo y desde donde se ha de tomar una embarcación para llegar navegando al lodge tras 20 minutos. Sólo el recorrido para llegar ya vale la pena, con la variedad paisajística tan propia de este pequeño en dimensiones pero gran país sudamericano en lo que a ecoturismo y otras muchas cosas se refiere.



El lodge es el punto de partida idóneo para diferentes excursiones a la selva. Se pueden realizar caminatas por la selva para birdwatching, visitar un mariposario, visitar una comunidad indígena donde existe un centro de recuperación de primates (foto), o incluso actividades de aventura como descender el río en rafting con balsas de troncos. Toda una experiencia tan curiosa como buscar la casa de un suizo en el corazón del Amazonas…



Una de las zonas en las que realiza safaris fotográficos es un bosque primario, es decir, selva tropical en prefecto estado de conservación, original e inalterada. Durante el paseo, es necesario abrirse camino en la selva aprovechando los cursos de agua para no dañar la vegetación. Los ríos y arroyos son los senderos de la selva y éste es un buen ejemplo. Acabaremos de barro hasta las rodillas pero es parte del encanto amazónico (nos proveen de botas de agua a tal fin) y la mejor forma de seguir rastros, huellas y por qué no tropezarnos con algún jaguar o algún ocelote, como el de la foto que abre el post.