lunes, 26 de septiembre de 2011

Grandes herbívoros en las montañas de Andorra


Gamo.
Casi tan importante como el prismático será el sigilo a la hora de llevar a buen puerto un safari fotográfico para observar los grandes herbívoros que viven en Andorra. No se trata de rebaños de cebras, gacelas o ñús, acostumbrados a la presencia cercana del vehículo 4x4 en la sabana africana. Aquí la aproximación se realiza a pie y los animales no se están tan habituados. Afortunadamente ese carácter esquivo es el que hace que la propuesta sea una experiencia no exenta de cierto nerviosismo hasta que conseguimos avistar nuestro objetivo de cuatro patas.

El rebeco es el amo de la alta montaña.

El corzo (Capreolus capreolus) se lleva la palma por huidizo y difícil de ver, acostumbrado a vivir en la seguridad del bosque (aunque también campea en praderas abiertas), pero otros como el ciervo europeo (Cervus elaphus), o el gamo (Dama dama) tampoco le van a la zaga. El muflón (Ovis orientalis musimon) y el rebeco (Rupicapra rupicapra), que gustan de pastar en zonas abiertas y despejadas de vegetación son más “agradecidos”. Estas cinco especies de grandes herbívoros se distribuyen a lo largo y ancho de la montaña andorrana en hábitats diferentes y ambientes diversos. En las zonas bajas con el linde boscoso viven los gamos y los ciervos. Los corzos habitan cotas más altas en el bosque y, en terreno de praderas alpinas y zonas pedregosas, los muflones y rebecos se mueven con agilidad. Resulta complejo concretar zonas para avistarlos, si bien las inmediaciones de la collada de Beixalís, es buen terreno para corzos y muflones, o el valle de Enclar resulta óptimo si vamos en busca de rebecos por citar un par de ejemplos. Existen rutas guiadas en algunos lugares.
En cualquier caso será preciso madrugar, pues a primera hora es cuando están más activos y será más fácil observarlos. Otra buena zona de muflón son las inmediaciones del parque natural del Comapedrosa, donde a veces penetran accediendo por la zona de Sanfonts. En las inmediaciones del parque (pero en cotas bajas) viven también ciervos y gamos. Los corzos son frecuentes en todos los valles. Lo bueno es que casi en cualquier excursión que hagamos por las montañas y valles de Andorra tenemos bastantes probabilidades de toparnos con alguna de estas cinco especies que, por tamaño, podrían considerarse los “cinco grandes” de Andorra. El oso pardo, también presente, además de no ser un herbívoro estricto, se sale del objeto de este post…


Los muflones pastan en las praderas abiertas de alta montaña y zonas rocosas.

Septiembre y octubre son buenos meses para observar los cérvidos de gran tamaño (gamos y ciervos europeos), especialmente los segundos, coincidiendo con el celo -la berrea del ciervo es uno de los espectáculos sonoros más impresionantes de los bosques de Andorra-, a lo largo del año los gamos suelen vivir en pequeños grupos unifamiliares o incluso son de carácter solitario. Los ciervos tienden a formar manadas.

Los corzos son de carácter más solitario –sobre todo los machos- aunque a finales del otoño y durante el invierno los corzos se vuelven más gregarios y llegan a formar pequeñas manadas.
Esto respecto a las tres especies de Cérvidos (familia Cervidae), respecto a los Bóvidos (familia Bovidae) las hembras y crías de muflón viven juntas en primavera y verano formando grupos si bien en otoño e invierno, se les unen los machos solitarios, que protagonizan espectaculares luchas con sus cuernas para ganarse el derecho de entrar al grupo e intentar convertirse en el macho dominante. Algo parecido ocurre con el rebeco cuando entra en celo en octubre – noviembre.
Estamos pues en la mejor época para acercarse a presenciar uno de los mayores espectáculos naturales de la montaña de Andorra. 

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