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sábado, 9 de febrero de 2013

Dónde ver rinocerontes indios




Las diferencias entre las cinco especies de rinoceronte existentes: los rinocerontes africanos (blanco y negro) y los rinocerontes Indio, de Java y de Sumatra son varias, pero las más evidentes son que los primeros poseen dos cuernos (también el de Sumatra) y son de mayor tamaño. Profundizando algo vemos que el rinoceronte indio (también llamado asiático) en realidad es más grande que el rinoceronte negro africano, acercándose incluso a los parámetros de las dimensiones corporales y peso del mayor de todos, el rinoceronte blanco. Vemos además que presenta una gruesa capa de piel con pliegues dérmicos muy marcados que le confieren un aspecto de cuerpo acorazado y es una especie mucho más amante del agua que sus parientes africanos. De hecho pasa la mayoría del tiempo semisumergido en charcas, arroyos y lodazales.

 

El área de distribución original del rinoceronte indio se extendía desde Pakistán a Birmania y China. La destrucción de su hábitat ha confinado a la especie a un área mucho menor y localizada en parches. Su presencia actual queda relegada al norte de India y sur de Nepal, en las praderas del sur del Himalaya. Ahí es donde hay que viajar para encontrarlo. Sin duda alguna dos son los espacios naturales donde es más fácil observar rinoceronte indio en libertad: el parque nacional Kaziranga (India) y el parque nacional Royal Chitwan (Nepal), donde vive una población de 1.100 y 410 ejemplares respectivamente.

 

La mejor manera de llegar hasta ellos es hacerlo subido en un elefante, forma tradicional de realizar safaris fotográficos en Asia, y poder avanzar en las charcas y zonas pantanosas donde encuentra su hábitat predilecto. Es un animal que tolera bastante bien la presencia cercana de los paquidermos y los humanos subidos a su lomo, así que podremos acercarnos bastante. Mucho más acostumbrado a ver rinocerontes africanos, lo que más me sorprendió es el aspecto prehistórico del rinoceronte indio, su impronta acorazada. Me sorprendió por encima de que éste sólo tenga un solo cuerno. El cuerno del rinoceronte está formado como es sabido por una masa extremadamente compacta de pelos. Me llamó especialmente la atención un ejemplar en Chitwan al que le faltaba parte de su principal defensa. Al principio pensé que quizá se trataba del resultado de alguna pelea, pero los guías locales pronto me explicaron que la causa era un murciélago que siente especial predilección por comerse el cuerno del rinoceronte. Curioso.
 
Cuerno víctima de los murciélagos.
 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Zorro volador en los bosques de Nepal



De todos es sabido que en Nepal, como en la vecina India las vacas son sagradas. Tanto que incluso alguien pudiera afirmarte que las vacas vuelan. No le hagas caso. Si te dice que los zorros vuelan, ahí si, préstale atención y a ser posible que te diga donde. Bueno el dónde ya os lo digo yo, en las selvas de las tierras bajas del país de las montañas, al sur del Himalaya.

 

Este lo encontré en el parque nacional Royal Chitwan. No estaba sólo, había otros muchos colgados en las ramas del mismo árbol y árboles cercanos. Se trata de una de las especies de murciélago más grandes del mundo pues el zorro volador indio llega a tener una envergadura alar de 120 cm. Pasan el día colgados boca abajo en las ramas, durmiendo.

 

Al caer la tarde empiezan a volar por la zona y llegan a desplazarse incluso a los poblados tharu cercanos, donde se alimentan de los cultivos. Su dieta es frugívora. El espectáculo de observarles volar con las últimas luces del día, me recordó a un momento similar vivido a orillas del lago Pichola en Udaipur. Os aseguro que verles venir volando impresiona… ¡suerte que comen fruta!

 

martes, 31 de enero de 2012

Con los macacos en Katmandú



En un templo que se llama popularmente “Templo de los Monos”. Ya os podéis imaginar lo que me encontré. Decenas, centenares, casi diría yo: miles de macacos Rhesus. El verdadero nombre del templo es Swayanbhutinath y es uno de los más emblemáticos de Katmandú. Está situado en una colina al oeste de la ciudad y desde él se disfruta una panorámica excepcional de la capital de Nepal.



La estupa principal es imponente y otros templos secundarios escoltan al edificio más grande. En las inmediaciones de la entrada, para los que llegan en vehículo, la vegetación llega hasta el pie mismo del templo. En sus árboles hay casi más monos que ramas… y eso que lo que da nombre al templo es la cantidad y variedad de árboles “Sublimes Árboles” (para ser exactos es lo que significa). La tradición manda subir caminando las interminables y empinadas escaleras, pero no suele ser la forma de acceder para los visitantes que tienen en este célebre templo con los más famosos ojos de buda su meta de peregrinaje budista. Si accedéis por la escalinata, la zona boscosa de los macacos está en el otro extremo de la stupa principal.



Los monos son sagrados y se mueven a sus anchas sabedores de que son los verdaderos dioses en el templo de Swayanbhutinath (o Swayanbhu). Es curioso sentarse tranquilamente a contemplar los movimientos y jerarquías de alguna manada. El papel que juegan machos dominantes, machos jóvenes y hembras con o sin crías.

Si vais a Nepal no dudéis en reservaros una mañana para acercaros al templo de Swayanbhutinath, además de disfrutar con este espectacular monumento, podéis vivir en primera persona la experiencia de estar rodeados de macacos por todas partes (no tocarles ni dar comida).

sábado, 15 de enero de 2011

El baño de los elefantes, un spa bestial


El elefante asiático es por naturaleza, mucho más “dócil” y domesticable que el africano. Es por esto que una de las actividades usuales en países como Tailandia o Nepal sea compartir baño con los paquidermos. Abro un paréntesis para insistir en que este comportamiento benigno en el caso de los asiáticos es con ejemplares domesticados; es decir, cuidado con los elefantes salvajes, ya sean asiáticos o africanos.


En el parque nacional Royal Chitwan, al sur de Nepal, esta actividad se encuentra entre una de las más solicitadas por los visitantes. Pocas veces se tiene la ocasión de darse un baño con ellos. La actividad consiste en participar en su higiene diaria, consistente, entre otras cosas, en un baño en el río. El animal disfruta de lo lindo, especialmente si el día es caluroso.
Hoy, como ocurre con frecuencia en Chitwan, la humedad del río propicia una neblina que por la mañana comenzó como densa niebla. Los cuidadores esperan en la orilla para recibir a los visitantes e indicarles cómo subir al elefante. Previamente podemos meternos en el agua a frotarles su rugoso cuerpo. Una vez en el lomo, sólo queda disfrutar desde esta panorámica elevada del río y cómo se refresca. El cuidador se encargará a buen seguro de contribuir a que nos bañemos también. Basta darle la orden oportuna al paquidermo para que su trompa descargue sobre nuestra cabeza un chorro que ni el mejor spa.


La actividad permite por otra parte un contacto con los animales que nos adentrarán en la selva en busca del tigre y el rinoceronte. Elefante y cuidador serán nuestros anfitriones en los safaris por el parque nacional.


Si vais a Chitwan fijaos si el hotel dispone de elefantes para los safaris, sólo así podréis disfrutar también del baño. De lo contrario, el baño se limita al que se efectúa con los elefantes del centro de recuperación del parque.
Ah!! Se me olvidaba un pequeño detalle, en Chitwan hay cocodrilos pero no suelen acercarse a los paquidermos…

jueves, 13 de enero de 2011

Narajany safari lodge, Chitwan



Parque nacional Royal Chitwan, Nepal.

El parque nacional Royal Chitwan, en Nepal, no se caracteriza de momento por la proliferación de alojamientos (esperemos que se quede así por el bien de la conservación del lugar). Tampoco por la existencia de hoteles de lujo al estilo lodge africano o asiático como en otros destinos de naturaleza y safaris. Dicho esto, una de las mejores opciones en Chitwan es el Narajany safari lodge.




Se trata de un lodge muy bien ubicado, a orillas del río Rapti, y a 40 minutos del aeropuerto de Bharaptur. Es un buen ejemplo de lo que entendemos por un ecolodge. Está gestionado por la comunidad local (el pueblo Tharu) y se ha edificado, sin grandes lujos, con materiales propios de la zona, en bungalows bien integrados en el entorno. Está falto de zonas comunes, pues realmente la vida en el lodge se hace en una única sala que sirve de restaurante, bar y área de relax. A cambio posee una terraza privilegiada con unas panorámicas sobre el río Rapti y el parque nacional en las que uno puede pasarse horas enteras.
Las habitaciones son sencillas pero bastante amplias.


Quizá el punto fuerte del lodge sea el de su respeto al medio ambiente y el del naturalista que se encarga de las charlas, asesorar y acompañar a los clientes en los safaris fotográficos por el parque nacional. Organiza interesantes paseos para ver la flora dentro del recinto del lodge.
El lodge cuenta además con un grupo de elefantes (para realizar los safaris en elefante por el parque) y con los que es posible interactuar en su baño diario en el río.

También especialmente interesante resulta la actividad que ofrecen para visitar el pueblo Tharu subido en carros de bueyes.





Éstas son mis valoraciones:

Situación: 8
Accesos: 7
Tranquilidad: 8
Arquitectura: 7
Ambiente: 6
Habitaciones: 5
Zonas comunes: 2
Gastronomía: 3
Servicio: 5
Servicio guías: 8
Integración Naturaleza: 8

Valoración general: 5-6

lunes, 29 de noviembre de 2010

Vuelo panorámico del Everest. Frente al techo del mundo


Sin duda uno de los principales atractivos de Nepal es el Everest. La forma “tradicional” de verlo consiste en realizar el trekking que lleva hasta el campo base. Para ello hay que tener buena forma física, buena aclimatación y las semanas necesarias para esta, por otra parte fascinante, experiencia. Los más afortunados lo conocen aun más de cerca al escalarlo.


Muchos años han pasado desde que el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay (1953) hollaran la cima más alta del mundo (8.850 metros). Más aun desde que, si fuera cierto, los ingleses George Mallory e Irvin lo hicieran por primera vez en 1924. Si los británicos hicieron o no cumbre en el Chomolungma (Everest) nunca lo sabremos. O quizá si, cuando aparezca la cámara de fotos que podría desvelar el misterio. Sus cuerpos fueron encontrados cerca de la cima hace poco en una expedición organizada para hallarlos, pero de la cámara de fotos, de momento nada.


Actualmente es mucho más sencilla y menos sacrificada la contemplación del Everest. Se trata de la experiencia que permite sobrevolar el Himalaya y el Everest mediante alguno de los vuelos panorámicos turísticos (Mountain flight) que a diario despegan del aeropuerto de Katmandú. Previo pago de unos 160 dólares a alguna de las compañías que lo organizan (Yeti airlines, Buddha Air, etc.), sólo se requieren tres cosas: la cámara de fotos, condiciones climatológicas aptas y una enorme paciencia en el aeropuerto.


El vuelo dura unos 45 minutos y permite contemplar algunas de las máximas alturas del planeta. Se vuela sobre los picos nevados de la vertiente nepalí de la cordillera del Himalaya (Shisha Pangma, Cho-Oyo, Sagarmatha –Everest-, Lhotse, Makalu, etc. También se observan: Annapurnas, Manslu, Kanchenjunga, etc.). Las ventanas de los pasajeros permiten una excelente contemplación de este mar de picos por encima de 6.000 metros de altitud, si bien están bastante rayadas y la calidad-nitidez fotográfica puede dejar mucho que desear. La experiencia y las sensaciones, eso si, no tienen ni un arañazo. Una vez sobre el Himalaya, el piloto permite acceder de uno a uno a la cabina para contemplar una panorámica mayor (y con cristales limpios y transparentes). ¡Inolvidable!


Los vuelos se realizan cada mañana desde las 6,30 horas hasta las 10 h., cuando las condiciones meteorológicas son más benignas. Es preciso tener en cuenta que el Everest está situado a más de 200 kilómetros de Katmandú y que, además hay una diferencia de altitud considerable entre la capital de Nepal (1.400 metros) y el Everest (8.850 m.) con lo que las condiciones de visibilidad sólo se conocen con certeza tras el vuelo de inspección que las compañías realizan antes de fletar el primer vuelo con pasajero. Las condiciones son además muy cambiantes y la cordillera, y especialmente los picos más altos, pueden cubrirse de nubes o despejarse en cuestión de un abrir y cerrar de ojos. A eso hay que unir el tráfico del aeropuerto, la dudosa coordinación de slots, etc… incluso con la tarjeta de embarque en la mano te pueden cerrar inesperadamente la puerta de embarque y cancelar el vuelo en las narices. Como de hecho ocurrió con dos de los tres aviones en los que íbamos. Suerte que al día siguiente los otros dos aviones pudieron mostrar la belleza de Chomolungma a sus pasajeros... En cualquier caso bien vale la pena intentarlo, pues el Everest no se tiene cara a cara todos los días.
Os dejo algunas fotos con las que trato de mostraros la belleza del Himalaya, el Everest (foto apertura) y el vuelo panorámico (a pesar de los arañazos en el cristal…).

viernes, 26 de noviembre de 2010

Chitwan, el reino nepalí de las mariposas


Los safaris a pie siempre me han parecido una actividad excitante. Caminar en un medio en el que el bicho extraño eres tu, siempre tiene su cosa. Es esa mezcla equilibrada entre riesgo y expectación por encontrar lo que uno anhela fotografiar. En esta ocasión se trata de realizar un safari a pie en el Parque Nacional Royal Chitwan, concretamente entre el centro de cría de Gaviales y el Narayani Safari Lodge. Una hora y media de caminata por territorio de tigres de Bengala, osos perezosos, leopardos, rinocerontes asiáticos, cocodrilos, gaviales, etc. Toparse con un tigre o un leopardo es altamente improbable dado el carácter nocturno de estos animales pero nunca se sabe….


Entre los lugareños el más temido de todos es el oso perezoso. Para entendernos este oso, de pequeño tamaño y pelaje negro, es el famoso Baloo de El Libro de la Selva, el inseparable amigo de Mowgli, el niño protagonista de la novela del premio nobel Kipling, quien ambientó aquí su historia. Se trata de una especie de oso bastante agresiva y el ataque más frecuente entre los habitantes de Chitwan. Mejor no encontrarnos con él.
El segundo animal más temido dado que es fácil avistarlo durante la caminata es el rinoceronte asiático. Su mala visión se compensa con su agresividad y velocidad -40 kilómetros/hora-. Mejor tampoco toparse con uno frente a frente. La ventaja es que caminamos en grupo grande, y eso siempre es mejor y más seguro que hacerlo pocas personas. Esa es la teoría, ya que al poco de comenzar la caminata, los que cuatro de cola acabamos descolgados del grupo…


El recorrido se realiza por una pista abierta en la selva. Finalmente disfrutamos del safari sin sobresaltos y disfrutando de la exuberante naturaleza nepalí, bordeando zonas pantanosas en las que pudimos observar el cocodrilo asiático –aquí no vimos gavial-, jabalí y algunos chitales, aparte de infinidad de aves y sobretodo mariposas, muchas mariposas. Chitwan es un paraíso para los entomólogos. Hay censadas más de un centenar de especies diferentes de mariposas. Algunas del tamaño de la palma de la mano y todas de colores espectaculares.


Salimos del bosque finalmente a la orilla del Rapti, frente al lodge, exactamente una hora y media después de comenzar a caminar. Sólo resta cruzar el río en las canoas que ya nos son familiares para regresar al lodge y disfrutar de la panorámica sobre el río desde la terraza. La época de lluvias ya ha pasado y el río, aunque con buena anchura, no tiene en algunas zonas mucha profundidad. Me aposto en la barandilla prismático en mano con la esperanza de ver la aleta de algún delfín del Ganges, pero en esta parte del río es complicado.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Gaviales en el río Rapti, Nepal


Navegando por el río Rapti se pueden ver muchas cosas. Se observa la vida diaria de sus habitantes, la etnia Tharu. Las mujeres lavan la ropa y los niños juegan en sus orillas mientras algunos hombres pescan, gracias a la licencia gubernamental a bordo de finos y largos cayucos de madera. Pero también se observa mucha fauna, sobretodo aves, y algún cocodrilo. Estamos en el parque nacional Royal Chitwan, al sur de Nepal y lindando con India. Es la región nepalí del Terai. Un enclave estratégico que explica lo que en las próximas horas voy a observar. Sólo aquí es posible.


Es precisamente a bordo de esas balsas tradicionales de poco calado y gran esbeltez con las que se realizar los safaris fotográficos fluviales que ahora comparto con vosotros. Desde el Narayani Safari Lodge bajamos a la orilla del río, la misma por la que cruzamos ayer a lomos de elefante para montar en esta ocasión en una de estas barcas y descender 4 kilómetros aguas abajo hasta las inmediaciones del Centro de Cría de Gaviales que el parque posee en Kasara.


Se trata de un descenso muy tranquilo, perfecto para dar rienda suelta a la fotografía. Los pasajeros estamos confiados a pesar de la aparente fragilidad de la embarcación y del necesario achique de agua gracias a una esponjilla que el remero compagina con sus funcionas propias de patrón. Suerte que parece mostrar destreza en ambas cosas.
Durante el paseo, no faltarán modelos en forma de garcillas comunes, garzas grandes blancas, garcillas bueyeras, martinetes, cigüeñas negras –entre otras especies de cigüeñas-, incluso algún marabú, y los viajeros tarros canelos. Un ibis negro sobrevuela nuestras cabezas.
Desde sus ramas posadero preferidas observa siempre vigilante el martín pescador. En Chitwan existen 5 coloridas especies. Debajo, algunos limícolas recorrer el fango de la orilla sin cesar antes de emprender el vuelo a ras de agua hasta la otra orilla.


Siguiendo las acrobacias aéreas de un martín pescador de pecho blanco en la vertical de unos pequeños rápidos descubro en un banco de arena la silueta tranquila de un cocodrilo. Al acercarme observo que se trata de un gavial, una de las dos especies de cocodrilo residentes en el parque. El gavial (Gavialis gangeticus) es un cocodrilo que alcanza grandes dimensiones –algunos machos llegan a los cinco metros-. A pesar de su dentadura amenazante se alimenta exclusivamente de pescado. Por eso se encontraba compartiendo territorio alimenticio con el martín pescador. A ambos les gustan las aguas claras. Aunque de momento no he visto ninguno, también moran las orillas del Rapti los cocodrilos asiáticos de buen tamaño y hocico más corto que su pariente africano. Tampoco he tenido la fortuna de avistar alguno de los delfines del Ganges.


Al pasar los rápidos en un recodo del río ponemos pie a tierra para dirigirnos caminando hasta el centro de cría en cautividad de Gavial. En esta granja se cría miles de gaviales de todas las edades y tamaños, antes de ser reintroducidos en el medio natural. También tortugas terrestres. En sus piscinas es posible contemplar de cerca el curioso aspecto del hocico de los cocodrilos gaviales. Extremadamente estrechos y alargados. Parecería una flauta de no ser por la hilera de enormes dientes que flanquean ambas mandíbulas.
En el extremo poseen una protuberancia que en los machos adultos llega a ser del tamaño de una pelota de tenis. Paso un buen rato mirando estos curiosos animales, exclusivos del norte de India y Nepal. Algunos tienen el hocico partido fruto de una excesiva presión. Es tan fino que no soporte grandes esfuerzos ni tensiones, imposible pues dar muerte a una gran presa con esa “delicada” mandíbula, diseñada para pequeños peces.

Es hora de volver al lodge, pero no lo haré remontando el río en canoa sino caminando. Un safari fotográfico a pie por los dominios del tigre, el rinoceronte, el oso y el leopardo… pero eso os lo cuento mañana.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Safari en elefante por Chitwan, el mejor parque de Nepal.


Desde lo alto de un elefante las cosas se ven diferentes. Ofrece la fortaleza y la seguridad necesarias para adentrarse en la selva en busca del tigre de Bengala. Es como buscar una aguja en un pajar, pero es sin duda la mejor forma de hacerlo. En realidad son 125 las “agujas” desperdigadas en un pajar de 932 kilómetros cuadrados, la superficie del parque nacional Royal Chitwan, localizado al sur de Nepal. Es difícil pero vamos a intentar encontrarla…


Acabo de regresar de Nepal y allí, de momento, la selva e internet no son muy compatibles (por suerte, en muchos casos). No he podido por tanto compartir con vosotros las inmersiones en la impresionante naturaleza nepalí que he tenido la fortuna de hacer estos días atrás. La primera experiencia que quiero contaros es la de realizar un safari desde los lomos de un elefante.

Como bien decía antes el elefante asiático (igual que en algunos lugares del continente negro se hace con su pariente el elefante africano) es la mejor manera de ir en busca de fauna salvaje. Es el verdadero rey de la selva, al que todos respetan, y el mejor 4x4.


El día comienza pronto en Chitwan. En ésta época del año (octubre y noviembre son los mejores meses climatológicamente hablando para visitar Nepal) amanece a las 6,30 h. de la mañana. A las seis y media en punto me dispongo a subir a la silla-cesta de 4 plazas que tiene el elefante en su lomo y que espera cargar con sendas personas para comenzar el safari. Ya estamos los cuatro arriba. Nuestra particular manada está compuesta por siete elefantas y una cría que no se separará ni un minuto de la madre en las próximas dos horas de safari.
El primer momento intenso se produce nada más llegar a la orilla del río Rapti –junto al Narayani, los dos principales ríos del parque nacional-. Los elefantes no dudan en meterse en el agua (les encanta) para cruzar a la otra orilla, ya dentro de los límites del parque, y adentrarnos en la selva en busca de tigres y rinocerontes asiáticos. Una densa niebla cubre a estas horas el río, lo que produce una belleza añadida a estos momentos de suspense en el entorno selvático en busca del gran felino… En la otra orilla nos recibe una selva cerrada. La mandada se separa en busca de fauna, peinando la zona habrá más posibilidades de encontrar algo. En el dosel se escuchan incesantes miles de pájaros. También algunos monos (macacos o langures) se dejan oír y unos cuantos chitales (una de las cuatro especies de ciervo presentes) salen corriendo nuestro paso.


Muy pronto nos encontramos con uno de los platos fuertes de Chitwan, el rinoceronte asiático de un cuerno. Uno de los elefantes lo ha localizado entre el follaje selvático y avisa al resto. La presencia de los paquidermos hace que el rinoceronte salga a la orilla de un regato afluente del Rapti y busque la “seguridad” del agua. Es una especie mucho más hidrófila que los rinocerontes africanos. Aguas arriba del riachuelo hay dos rinocerontes más. Pasamos un buen rato fotografiándolos mientras el cuidador hace girar la posición del bien adiestrado elefante para que ninguno de los cuatro pasajeros pierda detalle de la escena.
Cruzamos el regato en el que sacia su sed un joven sambar y salimos a terreno más despejado con la esperanza de toparnos con algún tigre. El último se ha visto hace 10 días en este mismo sitio. Despejado de selva pero cubierto por hierbas de hasta 8 metros de altura. Suerte que el elefante se encarga de abrir camino… los pavos reales alzan el vuelo asustados a nuestro paso. Pasamos un rato buscando pero no hay suerte. Es hora de regresar al lodge. Quizá en el safari de la tarde…
En el parque nacional hay censados 408 rinocerontes y 125 tigres. También hay leopardos y el agresivo oso perezoso (no confundir con el perezoso americano). Ambos felinos, por su carácter nocturno y solitario, son muy difíciles de observar… por hoy hemos de contentarnos, que no es poco, con el encuentro con el gran rinoceronte asiático. La experiencia ha valido sin duda la pena.



MEJOR ÉPOCA: Octubre a enero. Preferentemente noviembre. Temperaturas primaverales que rondan los 20-25 ºC y cielos azules.

CONSEJOS FOTOGRÁFICOS: Un objetivo corto y luminoso para las fotografías en el interior de la selva. Los elefantes no detienen su paso (salvo que se lo indiquemos al cuidador) así que buena parte de las fotos del safari se realizan en marcha con el movimiento del elefante.
Un objetivo largo de 200 ó 300 mm. es suficiente para la fauna, a la que los elefantes se acercan bastante.